La Anfitriona
( 2010. ArtOn, Madrid )

foto: Ana Matey, Paco Nogales
vídeo: Jose Antonio Gómez

La Anfitriona vestida de manera elegante recibe a los visitantes amablemente, con el ofrecimiento de un pequeño refrigerio.

Las muñecas, tobillos y cuello de la Anfitriona, aprisionados por muñequeras y un collar de cuero atan con innumerables hilos de fino elastómero su cuerpo al espacio físico, a la manera de una tensa tela de araña.

Esta instalación viva, el centro de la cual es el cuerpo del artista, forma una red de hilos elásticos que impide el libre acceso a la sala del público. Este está obligado a establecer una relación física estrecha con los materiales (cuerpo de la performer e hilos) para deambular por la sala, permanecer en ella o acceder a otros ámbitos del local. Por otro lado, la artista está constreñida en sus movimientos a las limitaciones de elasticidad del elastómero, por la cantidad de personas asistentes a la sesión y por las trayectorias de estas en el espacio.

Situaciones inesperadas pueden producirse en los cuerpos y los habitantes de estos: desequilibrios, tropiezos, líos…todos ellos graciosamente ambiguos.

La propuesta plástica se desarrolla en otro nivel a partir de la búsqueda a través de la red de internet en foros, blogs y páginas web sobre el tema La perfecta anfitriona, que dio como resultado la compilación de toda una serie de citas que perfilan un estereotipo basado en una serie de rasgos característicos provenientes del imaginario colectivo.

La perfecta anfitriona es en general una mujer que esconde sus sentimientos y problemas personales para hacer agradable la velada de sus invitados; una mujer que prepara su casa como un santuario, que promueve relaciones agradables, velando cuidadosamente por la evitación de tensiones entre los asistentes; relaciones aparentemente intrascendentes que esconden el gran poder político de esta mediadora por excelencia.

Otro matiz configura la mujer como la perfecta anfitriona sexual: voluptuosa, complaciente, desinhibida, abierta sexualmente a todos y cada uno de los deseos de su partenaire del momento; nada la incomoda y sus apetitos son aplazados como irrelevantes en función del perfecto desarrollo de la relación.

De este modo, la Anfitriona, soportando las tensiones de sus ligaduras al espacio, recibe a los asistentes con gran amabilidad, presentándolos entre ellos, y les procura tema de conversación bajo el lema:

lema

Y, evidentemente, se comporta como La Perfecta Anfitriona.